Ha sido un día de contacto con Oporto, sin prisas. En primer lugar no s hicimos con la tarjeta Andante, que permite moverse con los transportes públicos durante 24 ó 72 horas. Ya lo intentamos ayer, pero las cuatro máquinas de la estación estaban fuera de servicio.
Siguiendo los consejos de las guías, empezamos por lo más alto, en la Sé o catedral. Es imponente pero nada especial; el claustro es lo que más se aprecia, así como las vistas de la ciudad. Luego bajamos por unas estrechas y muy típicas callejuelas hasta el puente de Luis I. Este puente sobre el Duero tiene dos alturas; por la superior circula el Metro, a tu lado y sin más separación que unos pivotes, y otra inferior, por la que circulan los coches y que tiene aceras. Lss vistas desde la parte superior son impagables, y se llega en un suspiro a la zona de Gaia, donde se almacena el famoso vino de Oporto. Como el puente queda muy por encima de los tejados de las casas tuvimos la oportunidad de ver muchos pollos de las omnipresentes gaviotas, que aprovechan los recovecos para esconder allí a su prole.
Paramos a comer en la zona de la Ribeira, recientemente restaurada. Donde ahora hay restaurantes y tascas había antes casa de pescadores y, lo más importante, almacenes poara recoger las barcas, ahora reconvertidos en comedores. Comimos en Avó María (www.restauranteavomaria.com), muy bien y muy sencillo: los entrantes que te ponen, avisando de que si no los quieres los retiran (costumbre del país, aunque en otros sitios no tre avisan, piensas que es un detalle y luego te lo cobran), rodaballo y lubina a la plancha con guarnici´pn de verduras, exquisitos y frescos, y postres locales. Todo muy bueno y con un servicio impecable: el lugar es muy recomendable.
Aunque hacía un calor de mil demonios, decidimos visitar tras la comida la iglesia de San Francisco, barroca donde las haya pero sobre una base gótica: es curioso ver las columnanas góticas parcialemnte forradas de ornamentos barrocos de madera dorada. Y lo más espectacular son las catacumbas con cientos de sepulturas (hasta 1897 no se habilitaron cementerios públicos) y un enorme osario que se ve desde un agujero en el suelo. Por ciertyo: el guardia de seguridad nos abordó para decirnos que España iba a ganar a Portugal (??) porque Ronaldo se lo tiene demasiado creído (???)
Tras la visita descanasmos en el hotel: nuestros viajes son de relajo, no de matarnos, así que por la noche fuimos a cenar ligerito en una cafetería moderna de la Ribeira, para ver caer la noche e iluminarse el Duero. La vuelta al hotel, en taxi, que ya no había autobnuses. El taxiste tenía puesta la radio y hablaban los polñiticos prtugueses: calcaditos a sus homólogos españoles. Aquí el taxista se animó, empezamos a hablar de la situación, los políticos, la crisis... y acabamos arreglando no ya el país, sino la península entera.
Acordaos de visitar Librería Lello e Irmão , según la wiki está cerca de la Torre de los Clérigos, un campanario de arte Barroco, construido por Nicolau Nasoni. Es una de las cosas por las que me apetece ir a Oporto. Ya me contaréis.
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