lunes, 25 de junio de 2012

Primer día: contacto con Portugal

Este primer día ha sido el del estreno en carretera del coche nuevo, postpuesto por problemas familiares desde hace meses. Hay que reconocer que esto de circular por autovía y con el control de crucero, ese artilugio que se encarga de mantener él solito la velocidad sin que hayay que llevar pisado el acelerador, es un curioso invento.

Como nos gusta disfrutar del viaje hemos parado a comer en el Parador de Ciudad Rodrigo. Es aconsejable dejar el coche fuera de las murallas de la ciudad y caminar un poco, para apreciar la belleza del lugar y la amabilidad de sus gentes. Este mismo paseo ayudará a la vuelta a asentar un poco el estómago antes de coger el coche. En muy pocas ocasiones no he comido a mi gusto en un Parador, y tiendo a buscarlos siempre que puedo. Cuando viajo a la playa paro en el de Albacete, que además de contar con un buen restaurante dispone de una cafetería donde se puede comer muy bien y ligero a base de tapas. En el de Ciudad Rodrogo, nada que objetar unos entrantes de arroz cortesía de la casa, una ensalada de quesos de la tierra y frutas, un picadillo charro y un milhojas de bacalao, terminando con cuajada de la casa y macedonia de frutas. Ligero, como correspponde a un viaje, y muy bueno.

Y llegamos a la frontera de Portugal. Ya me habían avisado de lo complicado que es el sistema de peajes de las autovías lusas y lo había mirado en Internet: gracias a eso llevaba una idea aproximada. El sistema es tan complejo y absurdo que me temo quieran implantarlo en Madrid. A lo largo de ciertas autovías hay una serie de arcos con cámaras que fotografían a cada vehículo que pasa; cada arco está marcado con un precio y el total del viaje debe ser abonado ANTES de entrar en la autovía, pero ¿cómo saberlo? A no ser que te hayas informado antes, es imposible. La máquina que expende el billete es buena, pero podía tener, por ejemplo, la lista de los destinos más comunes. Muchos conductores prefieren arriesgarse a la multa si les pillan (diez veces el importe). Curiosamente, en otras autovías sí hay sistemas tradicionales de pago.


Gracias al GPS llegamos a la pueta del hotel sin problemas. Buen hotel: cinco estrellas de verdad (una oferta; si no, imposible). Un lujazo, como nunca habíamos tenido. Un poco retirado del centro, pero tranquilo y bien comunicado... con un sistema de transportes tan caro y complejo como el de las autovías. Menos mal que el puesto de información de turismo había una señorita... de Ponferrada, que nos aclaró todo.


Cenamos de tasca en la zona típica de la Ribeira del Duero, en una gran mesa compartida y con mucho ambiente. Luego un paseíto, corto pero cuesta arriba: ¡esto es como Andorra: vayas o vuelvas, siempre es cuesta arriba! Y al hotel en taxi, que el último autobús pasa a las 21:14 horas.


La primera impresión de Oporto es muy favorable, a pesar del estado de abandono de muchas zonas, no por dejadez sino por escasez, me temo, pero las gentes son amables y muy laboriosas. No se quejan de su suerte y se esfuerzan por salir adelante.

Sigo sin poder subir las fotos: parece que el navegador del iPod y el Bloggerno se entienden muy bien. Y con la ortografía pasa lo mismo, así que me disculpo si se cuela algún error.

1 comentario:

  1. ¡Qué bueno el queso zamorano! ¡Y los vinos del Douro y no digamos el Oporto! Ya sabéis, no os olvidéis de traer una botellita de un buen vintage (cuando fuimos a Lisboa tuvimos que pedir que nos los enviasen a casa, porque la estrategia de la tienda fue casi emborracharnos con catas hasta que vencieron cualquier resistencia. Estaban tan ricos que nos hicimos con un verdadero arsenal).

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