Lo reconozco: me cuesta mucho ponerme en marcha cada vez que viajo, se me hace tan cuesta arriba que desearía no tener que moverme, Y lo curioso es que lo paso bien preparando las cosas y que luego disfruto desde el primer momento y hasta el último.
Ahora mismo estoy en Oporto; esta misma mañana estaba en casa, a casi 600 kilómetros; tras un viaje muy agradable, por autovía, con aire acondicionado, con parada para comer en un sitio precioso, estoy escribiendo estas líneas a orillas del Duero. ¡Qué lejanos parecen aquellos viajes por carreteras de doble sentido, asados de calor, interminables y con bocadillo al borde del camino! Quizá por eso aprecio tanto lo que ahora tengo.
Voy a aprovechar estos días de vacaciones para escribir sobre éste y quizá otros viajes, pero eso será a partir de mañana, que por muy bien que se haya dado el asunto, estoy cansado. Y triste por otro motivo, que acabo de comentar en el blog. No podré poner imágenes, me temo, porque el Blogger no se está entendiendo muy bien con el iPod, pero intentaré hacerlo cuando vueva.
Espero que el viaje te levante el ánimo. Siento lo de la chiquilla. ¡Pobre familia! En estos casos la naturaleza no me parece ni sabia, ni justa.
ResponderEliminar