lunes, 18 de junio de 2012

Incomunicación digital

Hace unos días fuimos a comer a un restaurante, para celebrar el cumpleaños de mi queridísima mujer. Me llamó la atención la familia de la mesa de al lado: una pareja madura, sus dos hijos de unos ocho y doce años, y la abuela, posiblemente la madre de ella. Formaban un grupo tranquilo: los niños alternaban la comida con la manipulación de sus tres consolas, sin estridencias ni roces; los padres hablaban entre sí con pocas palabras, y la abuela intervenía poco y con monosílabos, más interesada, si no resignada, en dar buena cuenta del vino, un tinto de Rueda.

Cuando llegaron los postres los niños dieron buena cuenta de sus helados en un santiamén y se dedicaron con todas sus fuerzas a salvar el mundo de las amenazas que aparecían en sus consolas. Por su parte, los padres sacaron sus teléfonos móviles de pantalla panorámica y se sumergieron en su hechizo, ajenos al mundo que les rodeaba; no pude saber si hablaban con alguien o entre ellos. Y la abuela... dormitaba, con la inestimable ayuda del delicioso vino.

Es cada vez más habitual encontrar personas que caminan, viajan o comen enfrascados en sus artilugios electrónicos, sin prestar atención a nada de lo que les rodea, y hasta el punto de aislarse de una agradable comida o de su correspondiente sobremesa, tecleando con furor, riéndose de lo que las maquinitas les van diciendo y hasta enfadándose cuando la conexión no es lo que debería ser.

En este maravilloso mundo digital y de comunicaciones globales, lleno de posibilidades y que tanto nos maravilla a los que hemos conocido otros tiempos mucho más austeros, nos encontramos cada vez más con un fenómeno de aislamiento ¡porque algunas de estas "comunicaciones" se producen entre personas que están en el mismo comedor, en la misma oficina y hasta en la misma mesa! Es un doble despilfarro: estamos ocupando un ancho de banda de radio de forma innecesaria y, sobre todo, estamos perdiendo aquello que nos hace más humanos e inteligentes: la comunicación mediante el lenguaje. Ya no escribimos: tecleamos; no hablamos: twiteamos; no nos vemos: nos wasapeamos y nos mandamos fotos de lo que estamos haciendo en cada momento...

 Es necesario que nos paremos a pensar un poco y tomemos conciencia de lo que estamos haciendo con las inmensas posibilidades que nos brindan el progreso y la tecnología, y recordar que su objetivo es hacernos la vida más fácil y mas rica, y no más superficial y empobrecedora. Es un peligro real apenas advertido, pero que acabará pasando factura no solo individual, sino al conjunto de una generación. Aún estamos a tiempo de evitarlo.

2 comentarios:

  1. Me desespera salir a comer con amigos o familiares a los que veo poco y que la mitad del tiempo alguien se lo pase pendiente de su smart-phone en lugar de aprovechar el rato para ponerse al día con el que tiene delante. Está claro que lo de "smart" va a terminar por ser aplicable sólo a los aparatos electrónicos y no a las personas que los portan.

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  2. Poco a poco vamos descargando parte de las tareas cotidianas en los smart-gadgets (cumpleaños, citas, calendario, etc.etc.). Podría pensarse que vamos descargando parte de nuestra inteligencia (en el amplio sentido de la palabra) en un chip de memoria o pen-drive. Todo bien ... mientras nos quede algo en el coco.

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