¡A la playa! Bueno, en realidad, a conocer las playas de Oporto y a recorrer sus largos paseos marítimos. El autobús deja en la misma playa, y compartimos viaje con bañistas y surfistas. Hay más de 12 kilómetros de paseo por la orilla del mar y por la margen derecha del Duero: hicimos los primeros a pie y el resto en autobús, lo que nos permitió hacernos una idea de conjunto de unas zonas que aún no conocíamos.
Llama la atención la limpieza de las playas y la gran cantidad de aseos públicos, inmaculados. Los puestos de vigilantes del ISN (Instituto de Socorro a Náufragos), consisten en una tabla de surf, dos flotadores, un pequeño torno con cuerda y una cesta de productos de primeros auxilios, y está situado sobre la arena, como si de unos bañistas más se tratase. De vez en cuando pasa una patrulla de Policía Marítima: poca Policía se ve por estos sitios, si bien todo respira calma. En los viajes en autobús llama la atención lo amable de la gente y laa facilidad con la que se entablan animadas conversaciones en voz alta entre perfectos desconocidos, de forma muy jovial.
Nos decidimos a comer en un ¿restaurante? ¿chiringuito? de la playa, y, como de costumbre, tanto la atención como la comida fueron excelentes. El sitio se llama Lais de Guia y está en la primera playa de Matosinhos.
Y como nos faltaba el Duero, después de comer hicimos el típico recorrido en barco bajo los seis puentes. Se aprecian detalles de las casa de pescadores imposibles de ver desde tierra. Hay otros cruceros que remontan el Duero mediante esclusas y que duran todo el día: llegan hasta los orígenes del vino, tierra adentro.
Para cenar hemos elegido el restaurante Guarany, en la Plaza de los Aliados, conocido también como el café de los músicos, como pudimos comprobar, y no porque al final del partido entre Italia y Alemania un espontáneo se arrancase con "O sole mío" (muy aplaudido, por cierto), sino por la actuación de fados que tuvo lugar luego. La verdad esd que en este viaje no habíamos previsto una noche de fados, pero llegó sola y fue por ello más apreciada.
Estoy contigo (aunque sigo en Madrid) en lo de que las buenas sorpresas imprevistas son las mejores. ¡Espero que disfrutéis de muchas de ellas, que seguro que a la vuelta, en el hospital, te aguardarán muchas sorpresas imprevistas, aunque la mayoría no serán de las buenas!
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