sábado, 6 de julio de 2013

Un viaje a Milán (VI)

Una vez terminadas las excursiones vamos a visitar la parte suroeste de la ciudad, menos turística que el resto pero con sitios a priori interesantes. El Metro nos lleva de maravilla y damos pequeños paseos para ir de un sitio a otro.

La iglesia de Santo Ambroggio está dedicada al patrono de Milán. Es una iglesia muy antigua cuyo fundada sobre restos romanos y modifica da a lo largo de los siglos. Tiene un enorme atrio que en su día y hasta que hubo murallas sirvió de refugio a las gentes del lugar. La iglesia en sí tiene tres naves, una central y dos paralelas; es alta y no muy luminosa. Tiene un altar chapado de oro y plata y un muy antiguo baldaquino sobre él; en la cripta se pueden ver los restos del santo.

Tras un corto paseo por la vía Edmundo De Amici llegamos a la basílica de San Lorenzo, edificada sobre los restos de un templo romano y en cuyo exterior se ha dispuesto una columnata romana. La iglesia en sí es de planta circular, muy alta y tranquila e invita a la meditación. En la capilla de San Aquilino se guardan restos, puertas y frescos romanos, así como los cimientos originales y los inevitables restos del santo.

Un corto paseo más y llegamos al barrio del Navigli. Para convertir Milán en un centro de comercio se construyó un red de canales navegables (Leonardo Da Vinci tuvo que ver en su diseño) por la que circularon durante siglos barcazas cargas de materias primas y de productos elaborados; el auge del tren los condenó al olvido y muchos de ellos se cerraron y rellenaron. Quedan, no obstante, unos cuantos canales navegables y en torno a ellos y tras un gran esfuerzo de limpieza y modernización ha crecido un barrio bohemio y una zona de bares y restaurantes que animan las noches de la ciudad. Casi por casualidad damos con un restaurante formidable: el Brellin, situado junto a un pequeño canal y al lado de un antiguo lavadero público. Tiene un jardín precioso, rodeado de vegetación, al lado del agua y con una rumorosa fuente. La comida, deliciosa: ensalada de polo con crudités, una impagable milanesa, pez espada con espárragos verdes y gazpacho, fresas y un exquisito carpaccio de piña con pimienta roja en grano.

Como había tiempo, cogimos el metro y subimos a la zona noreste, a la pinacoteca de Brera. Es un gran, enorme museo de pintura, muy bien ubicado y desarrollado, pero que llega a resultar abrumador, sobre todo si el arte no es lo tuyo. Cenita tranquila en la Gallería y paseo hasta San Babila a coger el Metro: todas las tiendas están abiertas y trabajando porque mañana ¡empiezan las rebajas! Y al parecer son todo un acontecimiento.

 

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