jueves, 4 de julio de 2013

Un viaje a Milán (II)

Tras una buena noche y un estupendo desayuno buffet en la terraza del hotel nos disponemos a atacar la catedral del Duomo.

Impresiona su interior, robusto (52 pilares nada menos, uno por cada semana del año) pero nada pesado, muy luminoso y muy, muy grande: es la tercera catedral del mundo en tamaño, por detrás solo de San Pedro del Vaticano y de la catedral de Sevilla. Si quieres hacer fotos tienes que pagar por un brazalete azul que te autoriza a ello, siempre sin flash ni trípode, por supuesto.

Pero lo más espectacular es la visita al tejado, acondicionado para ello y para espectáculos audiovisuales. Es una verdadera jungla de agujas y figuras de piedra, cientos, miles en realidad, y habría que subir varias veces para apreciarlo en todo su valor... en ascensor, claro, que estamos de vacaciones. Gracias al muy buen día que disfrutamos teníamos una panorámica de todo Milán impagable.

La comida, en la galería Vittorio Emmanuelle II, donde hay varios sitios, no baratos pero tampoco prohibitivos, con muy buena atención y platos muy conseguidos. En cualquier caso, tampoco estábamos para buscar mucho, que aún se nota el cansancio. Y ya que nos pilla al lado, una obligada visita al teatro de La Scala, donde recorrimos el museo y pudimos acceder a los palcos, y hasta vimos una obra... en realidad había un montón de obreros, técnicos, grúas y camionetas montando una gran escenografía. Pero es una obra, ¿o no?

Y aunque pillaba algo lejos nos acercamos a la Ca' Grande, enorme edificio que ha albergado desde hospicios hasta hospitales de pobres y que hoy es la sede de la Universidad. Vamos, que a lo tonto hemos andado mucho más de lo inicialmente previsto para el día. Rematamos cenando de picoteo en la vía Mercatori: nosotros cenamos y los mosquitos nos picaron a base de bien. Curiosamente no hemos encontrado mosquitos más que aquí: esperemos que no sea el preludio.

 

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