Bueno, henos aquí de nuevo, prestos a comenzar otro viaje. Nada de grandes aventuras ni de circuitos largos y complicados: esta vez toca Milán y alrededores, en plan tranquilo, que llegamos a estas fechas con mucho cansancio y mucha sobrecarga por un cúmulo de circunstancias familiares, laborales, sociales... y es cuestión de intentar desconectar y de tomárselo con calma.
Empezamos por el avión, de Iberia y en la T4. Me encanta volar pero detesto viajar en avión: prefiero el tren o, mejor aún, el coche, así que me lo tomo con resignación. Esta vez salimos a las 12, sin necesidad de madrugones pretendidamente para ganar un día: con lo cansado que llegas, lo acabas perdiendo. Ya en Barajas, el primer contratiempo: inmensas colas para los mostradores de facturación anunciados en los paneles, así que resignación... y mucha paciencia, porque al llegar casi a la meta apareció un individuo malencarado que nos ladró que esa cola era para los que ya tenían la pegatina de la maleta y la tarjeta de embarque.
- Y eso, ¿cómo hay que hacerlo?
- Pues en las máquinas rojas, claro.
- Entonces, ¿tengo que abandonar la cola, esperar en la máquina roja y hacer otra cola para facturar?
- Claro.
- ¿Y por qué no lo explican antes?
- ...
Lo peor fue que la señora que me antecedía, francesa ella, no se enteraba de nada, y no hacía más que intentar hacerse entender por el individuo en cuestión, que pasaba de ella olímpicamente. Tuve que traducirle la situación y orientarla.
La verdad es que una vez puestos en el camino correcto, el sistema está muy bien, pero podrían explicarlo. Las otras tres personas con las que hablé, encantadoras, me confirmaron que estaban teniendo muchos problemas por este motivo y que ya lo habían comunicado sin éxito alguno.
Una vez en Milán, muy bien todo. Cogimos un taxi desde el aeropuerto de Malpensa, que no estábamos para arrastrar maletas por el tren y por la calle, llegamos al hotel, salimos a meriendocomer y nos bajamos a la plaza del pueblo, o sea, al Duomo, a empezar a conocer el sitio y hacernos con los transportes. La primera impresión ha sido muy favorable: una ciudad cosmopolita, activa sin agobiar, acogedora, luminosa y aparentemente asequible. Dado que comimos tarde (y bien), decidimos tomar un simple helado para cenar y no demorar el descanso, que arrastramos mucho de antes del viaje.
A la vista de lo leído en las guías (esta vez solo son tres), hay muchísimo que ver y que hacer, lo que unido a nuestra parsimonia y a nuestras ganas de profundizar en los detalles augura que tendremos que volver. En fin, mañana será otro día.
Que disfrutéis mucho del viaje. Las fotos no se muestran ni logro abrirlas usando su URL, que es bastante rarita: webkit-fake-url://CB794F41-329C-4211-A8C4-3FA1F26B30D8/imagejpeg
ResponderEliminarComparto completamente el odio a los aeropuertos y en general el personal implicado en hacer que viajar en avión sea una experiencia lo más traumática y desagradable posible, desde los profesionales a los propios viajeros. Con lo bonito que se ve todo desde el aire...
Primera fase superada, seguiremos vuestras evoluciones.
Pasead, pasead y pasead, entre piedras, rodeados de arte, sin pacientes, sin tener que conversar con unos y otros a diestro y siniestro sino sólo entre vosotros. ¡Qué magnífico plan!
ResponderEliminarBesos: Sol