viernes, 3 de mayo de 2013

Un viaje a Valladolid (V)

Hoy tocaba salir de Valladolid. Destino: el Museo de las Villas Romanas en Almenara - Puras, a unos 45 km por la N-601. Me encanta el mundo romano, pero tampoco es cuestión de darse y dar la paliza recorriendo ruinas y yacimientos. Encontré esta referencia al bajar una aplicación de turismo vallisoletano y parecía una buena opción. Y lo fue, sin duda.

Sobre los restos de una villa romana, complejo de vivienda y explotación agropecuaria que junto con los campamentos militares fue el germen de muchas ciudades actuales, han levantado un complejo que incluye un museo, un a modo de enorme hangar que cubre todo el yacimiento, perfectamente restaurado y con una pasarela elevada que lo recorre, la reproducción de la vivienda y una zona de juegos infantiles ambientada en la época; como añadido inesperado tocaba una representación de un pequeño "sainete romano"interpretado por actores aficionados de la vecina Olmedo. La visita es amena, agradable, entretenida y muy instructiva; sales con una idea muy clara de la vida de la época.

Como se hizo un poco tarde decidimos quedarnos a comer en Olmedo; tuvimos que esperar en Los Caballeros, pero valió la pena: parrillada de verduras, las mejores chuletitas de lechazo hasta el momento, postre de yogur y un increíble helado de manzana. Muy buen ambiente y muy buena cocina.

Y ya que estábamos aquí, qué menos que visitar el Palacio del Caballero de Olmedo: otra enorme sorpresa. Sobre el papel de las guías es la historia del relato de Lope ambientado en un recorrido por el Siglo de Oro; en realidad es un paseo por una serie de salas con unos medios audiovisuales, una narrativa y unas escenificaciones espectaculares y dignas de cualquier circuito turístico. Pregunté al salir cuanto tiempo llevaban abiertos: ocho años, me respondieron, y ante mi extrañeza de que tanto el Museo de las Villas Romanas como el Palacio del Caballero fueran tan poco conocidos me explicaron que, al ser iniciativas básicamente locales, la Junta no se esforzaba mucho, y que toda la promoción se hacía con sus escasos medios y con el boca a boca.

Y lo mismo reza para el fantástico Parque Temático del Mudéjar, también en Olmedo. Dicho así puede sonar aburrido, pero nada más lejos de la realidad. Es un parque en el que hay reproducciones a escala 1:8 de muchos monumentos mudéjares, incluídos castillos en los que se puede entrar o, en mi caso, intentarlo. Es la obra de un artesano que reproduce ladrillito a ladrillito (que hace él mismo) todos los monumentos, y que se ubican en parque lleno de cursos de agua, arbolado y zonas de recreo y descanso que hacen la visita muy agradable.

En verdad llama la atención un detalle: no he encontrado en Valladolid una guía diferente a las dos que compré en Madrid, y esto es extraño, ya que lo habitual es encontrar en tu destino guías y libros de difusión local que complementan los que traes de fuera. Las obras que hay son estudios históricos y fotográficos de la zona, orientada más a residentes y a estudiosos que a visitantes.

Terminamos el día cenando de tapas: siguendo un sabio consejo fuimos a Los Zagales, justamente afamado establecimiento con muchos premios por sus originales tapas, y de tapas cenamos: bolsa de pan (bocadillito de calamares en una bolsita comestible), Obama en la Casa Blanca (huevo, cebolla tintada de negro, boletus y pan en un recipiente blanco semiesférico), Tigretostón (versión de pan negro del popular bollito), tierra, mar y aire (pincho de calamar, crema de pimiento y nube de CO2)...

1 comentario:

  1. Me apetece volver a Valladolid a recordar todo aquello y con tu viaje me has puesto los dientes largos, además de descubrirme los encantos de Olmedo.
    ¡Qué estupendo acueducto os habéis montado! Un beso: Sol

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