A la cuarta va la vencida: por fin hemos podido salir de viaje en mayo tras tres años de sucesivas anulaciones por problemas familiares. De todas formas no tentaremos a la suerte con destinos exóticos o lejanos: vamos a conocer Valladolid y sus alrededores. ¿Valladolid? Pero ¿qué hay que ver en Valladolid? De eso se trata, de descubrirlo poco a poco, de forma muy pausada y tratando de conocer el lugar y a sus gentes, calidad frente a cantidad.
Voy a ir poniendo las entradas sin fotos: incluirlas sin el ordenador es un dolor y no acaban de quedar bien. A la vuelta las iré añadiendo despacito.
Empecemos por el viaje en sí mismo: sin madrugones, despacito, que es autovía y parar a comer en el Parador de Tordesillas. Confieso que me gusta comer en los Paradores, aunque se hable mucho de su desfavorable relación calidad / precio, y quizá se deba a que suelen estar situados en entornos privilegiados, y esto también cuenta. En éste de Tordesillas, además, se come muy bien: los platos tienen la cantidad justa para disfrutar sin saciarse y la cocina es excelente, sobre todo la regional: un gallo de corral a la tordesillana delicioso, una parrillada de verduras de la tierra en su punto justo y unos postres de requesón y queso fresco para dejar un buen sabor de boca.
Un paseíto y ya en Valladolid. Me gusta conducir (y no tengo un BMW) y leer los mapas, pero reconozco que para llevarte al hotel en una ciudad desconocida el GPS no tiene rival. Poca gente por la calle, es domingo a fin de cuentas, y en seguida en el hotel. Cuando se escoge un hotel por Internet se puede hacer uno una idea bastante aproximada de lo que va a encontrar, y en esta ocasión la elección ha sido muy certera. El hotel Boutique Gareus, muy recomendado, está situado al lado del parque del Campo Grande y anuncia que casi todas sus habitaciones son interiores, lo que se agradece siempre a causa de los ruidos del tráfico. Y el hotel es sorprendente y muy agradable; aconsejo mirar su página web.
Una vez acomodados salimos a dar un paseo. Para empezar, hace un cierto frío y sopla un vientecillo curioso y ciertamente molesto, pero eso no parece molestar a los del lugar, que pasean como si tal cosa; sorprende tanta actividad a última hora de la tarde de un domingo. Decidimos llegar a la Plaza Mayor y dar una vuelta, pero acabamos en una exposición de Picasso en la Iglesia de la Pasión: además de arte, tiene calefacción. Suave cena de tapas en la Plaza y al hotel, que hace cada vez más viento y más frío.
Mañana será otro día, pero dicen que hará malo. Ya veremos...
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