El hotel, que prometía mucho, está cumpliendo. La llegada, sencilla y rápida, el aparcamiento perfecto (de los de ascensor para el coche), las instalaciones de lujo y la habitación de ensueño. Sumemos un entorno tranquilo y agradable, a un paseo del centro, y un desayuno continental servido en mesa en vez de buffet: esto marcha.
Sigue haciendo frío y llueve, con el agravante de que por ser lunes están casi todos los sitios visitables cerrados. Nos acercamos a la oficina de información de turismo y nos llama la atención que es de autoservicio: las personas al cargo están dentro, en unas mesas, por si se te ofrece algo, pero no te reciben. Es chocante, pero creo que casa con el carácter de esta ciudad y que empiezo a entrever; lo confirmaré (o no) en próximas entradas.
Cuando toca hacer turismo a pie con mal tiempo pasan dos cosas: entras en cualquier sitio con cualquier excusa, desde una exposición a El Corte Inglés, para entrar en calor, y caminas con la cabeza baja, y te pierdes muchas cosas. Aún así, la ciudad tiene ese aire especial que solo la lluvia puede dar, esa sensación indefinible de melancolía mezclada con prisas.
Buscando el famoso restaurante El Caballo de Troya encontramos Las Cuevas (calle del Correo, 4), un sitio tradicional al que se accede por unas escaleras y que te transporta a primeros del siglo pasado. La cocina es típica castellana: sopas castellana o de pescado, rabo de buey, chuletillas de lechazo, postres caseros y café de puchero. Al pedir un cortado, el camarero dijo: "Le pongo leche desnatada"... y añadió un chorrito de aguardiente de orujo. Tenía razón: no hacía falta leche.
Por la tarde, y aprovechando que llovía menos, paseamos por el Campo Grande, lleno de aves y con unas enormes pajareras donde conviven desde faisanes a periquitos, pasando por gallinas calzadas, cotorritas y un sin fin de pájaros que no se dejaban identificar. Pensamos acercarnos al río, pero el tiempo acompañaba cada vez menos, así que buscamos para cenar una marisquería muy popular: La Mejillonera, con raciones de marisco muy bien hechas y a buen precio. Sin ganas de pasar más frío, decidimos tomar una infusión y una copita ya en el bar del hotel, muy agradable.
Mañana hará mejor tiempo y estará todo abierto...
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