Poco a poco, sin embargo, me fui dando cuenta de que lo que tanto a mi como a mi santa nos gustaba era conocer más que ver y entender más que recorrer, así que intentamos preparar los viajes leyendo todo lo que podemos acerca de la historia, la cultura y la situación actual de nuestro destino, incluido el idioma, con la imprescindible guía de conversación que siempre nos acaban rogando que no utilicemos.Será muy pretencioso creer que unos pocos días vividos como turistas, alojados en un hotel y recorriendo los sitios más pintorescos bastan para conocer un determinado lugar o las gentes que lo habitan; sin embargo, se pueden captar infinidad de detalles si se dedica tiempo a pasear fuera de los circuitos habituales, a sentarse en un banco y observar y escuchar a las personas, y si el idioma lo permite, hablar con ellos de las cosas del día a día.
Este viaje y el previo a Lisboa de hace un par de años me han descubierto un país muy agradable, modesto y hasta pobre en algunos aspectos pero de una gran belleza, muy consciente de sí mismo, dispuesto a progresar y asumiendo que tendrá que hacerlo poco a poco y con esfuerzo. He notado algunas diferencias entre Lisboa y Oporto, como no podía ser de otra manera, pero las líneas generales son muy similares.

Las infraestructuras modernas no tiene nada que envidiar a las de ningún otro país. Las más antiguas acusan, sobre todo, el paso del tiempo. Están realizando un gran esfuerzo para recuperar edificios, calles y establecimientos emblemáticos: vale la pena recorrer las calles de los barrios modestos y ver las obras de restauración de una casa típica, con su fachada de azulejos, e imaginarse que ver el barrio entero así será solo cuestión de tiempo.
El portuense tiene un gran sentido de la dignidad. Nos llamó mucho la atención que alrededor de las terrazas de los bares actuasen artistas callejeros, apreciados por los camareros, quienes sin embargo se apresuraban a espantar a los mendigos (pocos, la verdad). La clave nos la dieron los propios músicos, quienes increparon al mendigo pidiéndole que se ganase la vida, que se pusiese a cantar con ellos incluso, que hiciera algo mínimamente digno para ganarse unas monedas.El portuense es muy servicial sin ser nunca servil, tanto en la calle como en cualquier establecimiento. Se desvive por entenderte y porque le entiendas, y te lo explicará las veces que haga falta. Además, la mayoría habla inglés: de hecho, oímos un comentario a un extranjero angloparlante: son como los españoles pero hablan inglés.
En uno de sus parques vimos a las aves (patos, gansos, pavos reales y hasta las omnipresentes gaviotas) convivir pacíficamente con los niños que jugaban a su lado en la hierba, sin asustarse. Los pavos reales circulaban entre las mesas de una terracita pidiendo comida a los que tomaban un refresco, una imagen muy diferente de la de nuestros gorriones y palomas. Las gaviotas anidan en los recovecos de los tejados, muchos de ellos fácilmente visibles desde los puentes y paseos, y nadie molesta a sus polluelos. Esta relación con los animales dice muchísimo sobre la educación de un pueblo.La disponibilidad y la limpieza de los aseos públicos es otro indicador de cultura. Da lo mismo que se trate de los servicios de un parque (la mayoría con una persona al cargo), de una estación, de un bar o de un restaurante de lujo: hay muchos y están impecables. Se agradece mucho, y sobre todo se recuerda con agrado, encontrar este servicio cuando uno está de viaje, y más en este estado de pulcritud.
Las calles ofrecen sensación de seguridad, a pesar de la muy escasa presencia policial. En el hotel nos aconsejaron, como ya nos pasó en Lisboa, volver por la noche en taxi; en realidad no teníamos otro remedio porque el servicio de autobús terminaba muy temprano y el metro pillaba lejos. Sin embargo, no apreciamos nada extraño en las calles por la noche.
Los monumentos están muy cuidados y la atención al visitante es muy buena. Se aprecia que no es solo por el interés turístico sino porque se sienten realmente orgullosos de su patrimonio. La visita guiada al edificio de la antigua Bolsa y actual Cámara de Comercio, muy recomendable por la belleza y originalidad de todas las estancias (sobre todo el Salón Árabe), es un buen ejemplo de ello.Seguro que estoy olvidando un montón de detalles, pero creo haber conseguido componer una imagen de nuestro país vecino muy diferente a los tópicos que escuchamos por aquí. Es innegable que le viajar enriquece y amplía las miras, pero solo si se presta atención a ciertos detalles; de lo contrario, un viaje se convierte en una simple recolección de fotos y en un par de anécdotas.
Nos encantó Lisboa y espero convencer a House para ir a Oporto. Con tus entradas tengo una guía perfecta para ello, e incluso algo de ayuda para lograr mi objetivo. Gracias.
ResponderEliminar