martes, 2 de octubre de 2012

La salud no tiene precio... pero es muy cara.

Hace ya unos cuantos años, más de veinte, cuando empecé a darme cuenta de la realidad de la sanidad pública, empecé a considerar y a hacer partícipes a mis conocidos de los problemas de un sistema sanitario universal y gratuito. Eran tiempos de vacas gordas y se actuaba y se gastaba con una preocupante alegría, con el convencimiento de que fueran cuales fueran los resultados, el Estado cubriría los gastos. No parecía muy lógico, pero era lo que había y cualquier advertencia en ese sentido caía en saco roto.

La consejería de sanidad de cierta comunidad autónoma distribuyo unos carteles por todos los centros sanitarios. Se mostraban una serie de conocidas tarjetas de crédito: "Con esta tarjeta puedes comprar un vestido". "Con esta tarjeta puedes comprar un coche". "Con estas tarjeta puedes ir al cine"... y terminaba con una tarjeta sanitaria: "Pero solo con esta tarjeta lo tienes todo por nada, ya". Se pueden sacar muchas conclusiones, empezando por el concepto de compra a crédito, pero la última frase transmitía un mensaje que reforzaba lo que muchos pensaban: que la sanidad era gratis, que ya la tenían pagada con los descuentos de la nómina. Y si se decía esto era porque realmente los responsables políticos así lo creían.

Un par de años antes, un recién nombrado gerente de un gran hospital de otra comunidad tuvo la ocurrencia de entregar a los pacientes que se iban de alta tras operarse una factura marcada "pagado", para que fueran conscientes de lo que había costado su intervención. Ni que decir tiene que fue fulminantemente cesado.

Otra joya de entonces: los presupuestos compartimentados en partidas. Casi todos los años se compraban sillones, sillas y mesas, a pesar de que los que había podían aguantar perfectamente un par de años más. La razón era que si no se gastaba la cantidad asignada,  se minoraría del presupuesto del siguiente año.

- Pero, ¿no se puede destinar ese dinero a otras partidas deficitarias?
- De ninguna manera: son partidas diferentes y no se pueden pasar fondos de una a otra.
- ¡Pero el dinero sale del mismo sitio, o sea, de los impuestos de todos!
- Es lo que hay. ¿Cuantas sillas te apunto?

Y una conversación de madrugada, tras un laborioso accidente de tráfico, con el entonces gerente, también cirujano (es lo que tienen los hospitales pequeños):

- Dentro de 15 años se jubilan unos 10.000 médicos.
- Y en las facultades de medicina se nota un bajón de matrículas, por cierto.
- No nos quedaremos sin médicos, ¿verdad?
- Hombre, faltan 15 años: tiempo tenemos para remediarlo.

Ahora, en momentos de crisis, se mira todo con lupa y se busca la manera de ahorrar, también en sanidad. Lo malo es que lo único que se les ocurre a los gobernantes y gestores es recortar o, lo que es peor, privatizar la sanidad pública, bien "externalizando" una serie de actividades, bien adjudicando directamente nuevos hospitales a empresas privadas- ¿De verdad no hay otra forma de hacerlo? Los profesionales que trabajamos desde hace muchos años en este sector sabemos perfectamente de dónde se podría ahorrar de forma eficiente, científica y, sobre todo, sostenible, pero nadie nos pide consejo. Ítem más: si lo damos, nos ignoran.

Hace muchos años, el estado de Oregón plasmó la situación de su atención sanitaria en el llamado Plan Oregón. Un grupo de trabajo compuesto por políticos, gestores profesionales, sanitarios, representantes sociales y ciudadanos definieron una lista de problemas de salud ordenados por criterios de relevancia para la sociedad; esta lista se actualiza de forma periódica según se solucionan los problemas o aparecen otros nuevos. El segundo paso es determinar los fondos públicos disponibles para sanidad y de acuerdo con ellos se financian los diferentes problemas hasta que se acaba el dinero. ¿Queremos financiar, por ejemplo, una campaña de vacunaciones contra el papiloma? Hay dos alternativas: modificamos el orden de la lista o subimos los impuestos, pero poniéndonos todos de acuerdo, ya que el dinero es el que es y los problemas son los que son, y no hay más cera que la que arde.

Igual que aquí, vamos.

1 comentario:

  1. Has puesto el dedo en la llaga, el hecho de no pedir consejo a los que están ahí viendo la realidad (debe de ser que da mala imagen)a lo que se suma el de no saber priorizar y dividir las partidas en compartimentos estancos que no pueden emplearse para otros fines. Es más importante decorar con unos dibujos las paredes del hospital que pagar a los laboratorios farmacéuticos.

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