Los seres vivos compartimos una herencia genética con unos rasgos curiosamente uniformes. Es muy poco lo que a nivel genético nos separa de las lombrices, y mucho menos aún lo que nos diferencia del resto de los primates; las diferencias entre personas tienen que buscarse casi a nivel molecular en el ADN. En una fase del desarrollo intelectual aprendemos la diferencia entre "nosotros" y "yo", y empezamos a querer ser únicos, pero siempre con un cierto miedo a la soledad que nos conduce una y otra vez al grupo. Cuesta mucho, y algunos no lo consiguen nunca, superar esta fase de pertenencia grupal.
La astrología pretende que la situación relativa de una serie de cuerpos celestes, observada desde nuestro planeta, y en el momento de nuestro nacimiento predice y condiciona nuestro carácter para siempre. Sonreímos con suficiencia ante los horóscopos, pero podemos caer fácilmente en despropósitos muy similares, y encima estar orgullosos de ellos. Por ejemplo: nacer en un determinado lugar nos hace diferentes de los del pueblo más cercano. No crecer en el pueblo, ojo, sino simplemente haber nacido en él. Y la diferencia entre los dos pueblos puede ser algo tan crucial como el idioma o tan sutil como una frontera geográficamente inexistente dibujada nadie sabe cuando, por quién ni por qué.
El lenguaje es la expresión de la inteligencia humana, y lo materializamos con el idioma. Los diferentes idiomas que los diferentes grupos de seres humanos han desarrollado a lo largo de la historia han supuesto un serio problema para la comunicación a medida que el mundo se ha ido haciendo cada vez más pequeño. A lo largo de la historia ha sido necesario disponer de un idioma común que permitiera el entendimiento entre diferentes pueblos según se iban diluyendo las fronteras y cada vez tomábamos más conciencia de nuestra situación real como pasajeros de una gran nave que se desplaza por el espacio a velocidad de vértigo, todos y cada uno de nosotros.
Sin embargo, y quizá por ese miedo atávico a la soledad personal, estamos asistiendo a una vuelta atrás hacia planteamientos propios de hace siglos: soy diferente (léase mejor) porque nací aquí, tengo un idioma propio (y mejor) que los del pueblo de al lado, y quiero seguir así para siempre. No quiero mantener unas tradiciones que amo y deseo que perduren, no: quiero que nada cambie en mi reducido mundo y haré lo que sea para que así ocurra, contra viento y marea... y contra lo que haga falta. Al principio causa sorpresa este planteamiento, pero en cuanto se lleva a la práctica lo que da es miedo. Miedo porque lo diferente se ve como malo y se margina en el mejor de los casos o hasta se ataca en cuanto se decide que es el enemigo. Miedo porque supone un paso atrás en la evolución lógica de un mundo cada vez más global. Miedo porque es campo abonado para que los radicalismos campen por sus fueros y para que la violencia haga acto de presencia. Miedo porque ha pasado antes, no hace tanto ni tan lejos de nosotros, y no aprendemos.
Cada uno de nosotros es único y diferente, y la inmensa mayoría tiene algo que aportar. Cierto que hay fanáticos, integristas, psicópatas... pero la gran mayoría de las personas solo quiere vivir y dejar vivir, en armonía y con la mayor felicidad posible. Es precisamente esta diversidad, esta diferencia, lo que más nos enriquece; empeñarnos en conservar la así llamada "pureza" de lo que sea supone cerrar la puerta al progreso, estancarse o, lo que es peor, retroceder. Y esto lleva, más temprano que tarde, a la extinción, con lo que se consigue el efecto contrario al que se pretendía.Solo las grandes obras, las grandes ideas, culturas y tradiciones han soportado el paso de los siglos, manteniendo válidos sus planteamientos incluso en estos tiempos tan convulsos. ¿Queremos que "lo nuestro" siga este camino? Pues apliquémonos a mejorarlo, a engrandecerlo, a liberarlo de ataduras: hagámoslo universal en vez de local y entendamos de una vez que lo que hace grande al ser humano en su conjunto son precisamente todos y cada uno de los seres humanos, todos igual de diferentes.
Escrita, como todas las entradas de este blog, para mí pero pensando en Manuel, @alborocio enTwitter.



