Creemos vivir en un mundo lleno de información, gracias a las nuevas tecnologías, pero nos equivocamos. Tenemos poca, muy poca información: lo que tenemos son datos, y datos de una calidad muy a menudo discutible. Un coche despiezado no es un coche: es un montón de chatarra. Cuando alguien que sepa junte unas piezas con otras, las ajuste y las haga funcionar, tendremos un coche. Con los datos y la información pasa lo mismo, y siempre tendremos la duda de su calidad. Puedo detectar a diario errores de bulto en informaciones médicas y científicas, lo que me lleva a preguntarme si las informaciones políticas, económicas o sociales que recibo tendrán el mismo problema, y a desconfiar por sistema.
Y aquí está precisamente el meollo de la cuestión: la confianza. La crisis que vivimos es una crisis de confianza en nuestro sistema económico originada en otra crisis: la de los valores de personas sin escrúpulos que han obrado de mala fe para enriquecerse a cualquier precio.Estas dos crisis merecen un análisis más detallado y lo tendrán, pero baste de momento dejar constancia de que el bombardeo informativo solo genera angustia y merma la confianza, y que así no podemos ni salir de la crisis ni vivir.
Por cierto: la foto es de las termas de Caracalla, en Roma. ¿Y a qué viene? Bueno, es una prueba más, que ésta es solo mi segunda entrada. No tiene ningún otro significado, no le busquéis tres pies al gato.